1. Prepará tu espacio
Retirá la lámina protectora de la placa.
Colocala sobre una superficie lisa y no porosa.
Esto va a proteger la placa, y va a facilitar la limpieza.
2. Aplicá la pintura
Poné una pequeña cantidad de pintura acrílica directamente sobre la placa con un rodillo (brayer) o pincel, distribuí la pintura en una capa fina y pareja.
3. Intervení la superficie
Usá herramientas suaves para hacer texturas, como stencils, sellos, hojas, flores, plumas, tapitas o lo que tengas a mano. Este paso es ideal para jugar y dejar que aparezcan tramas y diseños únicos.
4. Transferí la imagen
Colocá el papel (o el material que elijas) sobre la superficie intervenida.
Presioná suavemente con las manos para asegurar un buen contacto. Dejala secar unos minutos.
5. Descubrí tu impresión
Retirá el papel con cuidado... ¡y listo! Vas a ver cómo el diseño quedó transferido. Cada impresión es única.
No hay errores, solo descubrimientos.
6. Seguí creando
Jugá con capas, colores, materiales y texturas.
Experimentá libremente.
Podés usar:
• Agua con un poco de jabón suave
• Toallitas para bebés (sin alcohol)
• Gel desinfectante para manos
Podés sacar la pintura seca con cinta adhesiva de embalar.
Para almacenar las placas
Las placas se almacenan fácilmente en su envase original.
Conservá las láminas protectoras.
Evitá apilar objetos encima, ya que podrían marcar o dañar la superficie del gel.
No exponer al calor.
Consejito final
Dejá que la pintura fluya, combiná colores, probá materiales raros.
No se trata de que quede perfecto, sino de disfrutar el proceso.
No hay errores, solo sorpresas creativas.
Dejá que el color y la forma te lleven.
Amigable con vos y con el planeta: no tóxico y libre de ingredientes animales.
